Ya podemos agarrarnos los machos, pero bien fuerte, como se ciñen las correas del coche en un frenazo, como nos aferramos a la barra de nuestro asiento en la montaña rusa, por que lo que nos espera, es de vértigo: Cifras de paro disparadas, récord de impagos, avalancha de desahucios, de cierre de empresas, la prima de riesgo por las nubes, el Ibex por los suelos, los combustibles hacia arriba, la compra de automóviles y pisos en sus mínimos, osea, un terremoto propiamente dicho, un sube y baja que nos revolverá las tripas, por que aquí no se puede hacer "de tripas corazón", ya que el corazón ¡pobre!, va a tener lo suyo, y no vamos a ganar para sobresaltos.
Ay qué joderse, quien nos iba a decir que la maquinaria de nuestra economía se iba a averiar de esta manera, ¡Con lo bien que funcionaba la jodía!, que daba para construir aeropuertos sin aviones, trenes ave sin pasajeros, y kilómetros de urbanizaciones sin vecinos, todo ello, como si fuera un gran belén adornado sin reparar en gastos.
Ahora que ha terminado la partida, los jugadores, nos han comunicado que somos avalistas de las pérdidas, que han apostado nuestras casas, nuestros derechos, nuestros trabajos, y que han perdido. Hemos de apoquinar las cuentas pendientes, incluida la barra libre de regalos y mamandurrias (gracias Esperanza por enriquecer mi vocabulario).
Lo mas gracioso es que,¿Para cuando el procesamiento de quiénes provocaron la crisis, quiénes ayudan a que se agudice y quiénes impiden que se resuelva?. ¿Los ciudadanos somos los culpables? Que fácil es decir que gastamos más de lo que podíamos, ¿Acaso no teníamos derecho a una vida mejor?, ¿Acaso debíamos conformarnos y seguir siendo siempre y para siempre los personajes grises de este mundo?. Se culpa al ciudadano, como quien se ha tirado un pedo y mira hacia otro lado buscando algún culpable inexistente.
Dicen que vamos a entrar en recesión, que caerá -más- el consumo y la inversión, la compra de viviendas y automóviles, habrá más paro y las empresas y servicios reducirán su producción, y por lo tanto, circulará menos dinero.
En las gasolineras -que es lo que nos toca- la cosa va a ponerse cruda si es que no lo está ya, por que los precios que tenemos no invitan a aflojar las carteras. Al contrario, entras en ellas, y parece que no ha ocurrido nada, como si la burbuja inmobiliaria fuera una pompa excelsa de jabón, como si el tiempo de los pelotazos, aún no hubiera acabado y todo el mundo siguiera nadando en la abundancia,. Y es que sus precios son del siglo próximo, pero las ventas son del siglo pasado. Ante esta paradoja, nuestras empresas van a cortar por lo sano, que ahora considerarán enfermo, y los paganinis seremos como siempre nosotros, los trabajadores. Los clientes van a evitar las tiendas como si fueran a coger una infección, de hecho, ya se acercan con precaución, como quien entra en un poblado chabolista por la noche. Llevan bien agarrado el monedero y en cuanto les dices un precio ponen cara de susto y ganas de salir huyendo. Todo sucede así: Preguntan inocentes, revelo el precio que me piden, mudan el rostro con espanto, y yo bajo la vista abochornado como si les hubiese dicho una insolencia. Me siento parte del atraco, soy el cómplice o el gancho que les va a aligerar la cartera en un descuido.
Me parece. que por mucho que subamos los precios no vamos a alcanzar los ingresos de antaño, a no ser que las cocacolas pasen a costar cinco euros y el agua tres, y nos sacuda un soplo -lento, de seis meses al menos- de calor africano, acompañado de una pertinaz sequía, y todo el mundo presa de la sed tenga que acudir a nosotros ante la escasez de reservas de los supermercados.
Yo creo que las gasolineras son como los conciertos caros o los campos de fútbol de primera, o pones a Cristiano Ronaldo o a La Pantoja tras el mostrador para que venga la gente a suplicarles un autógrafo, o bajas los precios para que sean competitivos, y no se quede "el local" a medio aforo. Pero claro, yo no entiendo nada de economía.
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| Unos cuantos fichajes importantes atraerían gente a las gasolineras (Campsared Blog) |
A partir de septiembre la cosa va a ir a peor, no será de extrañar que grupitos de funcionarios o de parados entren a saco en las gasolineras y se lleven ultramarinos sin pagar escondidos en los pliegues de la bragueta, o a las claras, en carros de la compra mientras gritan: ¡Viva el alcalde de Marinaleda!
Crucemos los dedos, para que la crisis se vaya a hacer puñetas por donde vino, como si fuera un sueño malo.
Yo ya he echado mis cuentas, y después de pagar la hipoteca, el coche, y las tarjetas, me queda un dinerillo -nunca mejor dicho- solo para ponerme a régimen de verduras y sopas. No hay mal que por bien no venga, voy a adelgazar por narices, voy a tener que ir andando al trabajo, comer verdura y guisos de la abuela, tendré que dar de baja el Canal Plus (mas horas libres), y tendré también que ahorrar en luz, lo que inevitablemente me abocará a otra dieta, la del cucurucho que dejará a todos contentos, especialmente a mi mujer.















