jueves, 30 de junio de 2011

¡CALOR!

Tengo una apatía que me lleva 'doblao'.  No se si será astenia primaveral tardía o carencia de vitaminas.  Tengo sueño.  El sol se contonea en la calle como un dios griego, haciendo posturitas de culturista para que le miren y se sonrían los grupos de muchachas que han salido del instituto, o las amigas que vienen a tomarse un café. Le observo y pienso:  ¡Que cabrón!,  sólo haría falta que llovieran billetes fuera del perímetro de la gasolinera, para que me sintiera más envidioso y atrapado.

Me arden los pies y la cabeza, ni la jalea real me sube el ánimo, siempre que llega este calor pierdo la fuerza como una coca-cola semiabierta.  Las tardes son eternas, como los días de régimen a base de pescado y acelgas.
El intervalo de la siesta me muele los arrestos, me convierte en un felpudo de los de andar tirados por el suelo sin dueño.  Ni la radio, ni el sueldo que está ya próximo a ingresar, ni un generoso escote regalando la vista me despiertan lo suficiente como para diferenciarme de un arbusto marchito.  Las tardes calurosas de verano, me extenúan como si respirase gas butano detrás del mostrador.  Solo el chasquido de una lata al abrirse con su estallido de burbujas heladas suena como un pequeño timbre que me espabila unos segundos.
Es como un espejismo que te produce sed y una visión paradisíaca de palmeras y un estanque dorado, donde nuestra Brooke Shields particular nos da la vida desde sus mismos labios con un trasvase delicioso de líquido y frescor.


Pero el efecto se esfuma de inmediato. Vuelta a la realidad.  El escenario son coches que se cruzan, gente que no duerme la siesta, unos cansinos como la chica de los surtidores "Ha elegido usted...", que solo quieren agua o un refresco, ni comida, ni lotería, ni rascas, quieren llegar a casa, quieren meterse en su espejismo de familia, o de huríes semidesnudas; qué se yo.  Miro nuevamente el reloj, que se derrite como si fueran las esferas de Dalí  ¡Qué larga es esta tarde de viaje a ningún lado! Aquí no pasa nada. Bailotean en la pista las deslumbrantes y estiradas piernas del sol, representando el lago de los cisnes, pero sin agua, sin música y con este calor de horno entreabierto que ha convertido a cada cisne en pollo frito.  Es tan tediosa la representación como cuando estudiábamos en casa para aprobar los cates de septiembre sabiendo que nos quedaba todo el verano por delante.
Me está aplastando la rutina.  Necesito librar, coger las vacaciones, pero estas largas tardes anodinas de verano se estiran y se prolongan como las afligidas ramas de los sauces, como las series de TVE-1, como un partido a cinco sets. Busco alivio en el tiempo, pero el futuro se muestra al otro lado del planeta, allá en el horizonte, sobre su mecedora bebiendo te al limón, tranquilamente, sabiendo que yo llegaré tarde por que en este hemisferio las cosas van despacio ¡Que bonita es la tienda de palacio! pero a mi ya me aburre por que la tengo más que vista.

El motor de la sandwichera por su parte, aporta ese bochorno ecuatorial que nos traslada a las recónditas selvas del Congo o a Indonesia, con su temperatura pegajosa y deprimente.  Lanza calor para llenar cien globos aerostáticos de Travel Club.   Nos roba el aire, como si 'repartiera' oxígeno con un aspirador, sólo nos deja el fastidioso aliento incendiario de la máquina.  Si derramásemos un cubo de agua por el suelo, acabaríamos cocidos al vapor, como unos mejillones.

Solo en el vault la vida cobra algún sentido. Durante unos minutos te sientes como un pingüino en Disneylandia, pero después, vuelta al ataque, recorres el pasillo como un soldado vietnamita, avanzando entre impedimentos y calor, te vas a la trinchera y a matar pollos al ast, por que a esas horas  hay algunos clientes con el desodorante caducado, cubiertos de una pátina de sudor mareante, que hacen tambalear las pocas fuerzas que nos quedan, como si defendieran sus posiciones anticompra lanzando gas mostaza. -"¿Quiere usted...?  Bueno mejor no, buenas tardes" -
Pero ese aturdimiento momentaneo, no te arregla la mente ni el estómago, sigue zapateando el sol con tanto aplomo que hasta las bellas gatas que llegan a esas horas, te miran sudorosas como si acabaran de bajarse del tejado de cinc hace un minuto.   La tarde es larga y calurosa.  Voy a firmar en los servicios, voy a mirar caducidades, voy a rellenar algún checklist, como si fueran un sudoku,  para matar el tiempo.
Larga tarde.  Un rato mato moscas con el rabo... el del plumero que es un rabo flexible y desplumado, que se agita ligero como una caña de bambú de las de dar castigos sadomaso, y luego uso el spray, el caso es hacer tiempo para no sucumbir a la molicie.
La gente está sedienta y derrengada, el suelo radiante de la pista funciona a las mil maravillas. Los helados se venden como churros helados, como si fueran aspirinas que calman el calor y la sed.  Hablas con la misma cadencia del surtidor, ¡Vaya apatía!,
- ¿Quieres unos...? -
- No quiero nada -
- Si te los iba a regalar no me has dejado hablar  ¡Bah! -
Nada de nada, todos quieren llegar a casa para arrancarse la ropa de un tirón, ponerse en cueros y darse un remojón, después poner el A/A en modo de 'tormenta glacial' y soplarse unas bebidas bien frías.  Los solteros/as hacen un club nudista en la república independiente de su casa.
Compañera conectando con el Blog de Campsared
Pero aquí trabajamos sobre la linea del Trópico de Cancer, sólo faltan los beduinos.  De vez en cuando llega alguno que echa 10 € en su viejo Mercedes.
A estas horas, y con el sol reinando justiciero, hasta los africanos caminan por la sombra y duermen siesta con el turbante metido en la nevera. No hay nadie por la calle. La pista se ha quedado vacía unos instantes. Con el brillo del sol, se asemeja a un desierto arábigo con su gran jaima franquiciada en medio del  oasis Foster, este zoco abierto donde vendemos, melones, patatas, frutos secos y un agua fresca que no consigue estarlo tanto por que gran parte de las frigorías están de vacaciones, y las que quedan no dan a basto.  Salgo a la puerta a ver si llega algún camello.  "As-salaam-alaykum"  Ahí llega uno.. pero no es un camello, es una moto. Vuelvo a dentro.
Si tengo un rato voy a romper un huevo sobre algún surtidor a ver si acaba frito. Pero será mañana, porque hoy no soy capaz ni de encontrarme los míos propios.  ¡Que calor!
Se te fríen los huevos en verano (Campsared Blog)
En cuanto tengo otro minuto vuelta al vault, que es un refugio acristalado para focas y osos polares de tercera clase, un regalo no obstante para los regordetes como yo, también para calmar sofocos menopáusicos, y como alivio para apagar la mala hostia.
Voy a salir de allí, y cojo aire por los poros acalorados y por la boca, tanto como para adentrarme  en un espacio con atmósfera cero, pero poco me dura aquello.  Al regreso del vault,  ocupas nuevamente el nido de ametralladora y a disparar ofertas y obuses con origen. Cuando a veces aciertas, es como si te metieran un dedo por el culo, reaccionas un instante, y luego vuelves al hastío, al modo catatónico de mediados de junio, al espectáculo tedioso de las tardes de verano, lentas  y soporíferas, calurosas e inacabables, y a seguir, dale que dale al organillo, a la venta activa vamos.
La tarde va cayendo como los siglos, lentamente, restándonos frescura y juventud.  Con los últimos rayos, llega el tiempo de libertad, el fin de la condena diaria, por que trabajar en verano y por la tarde, es un 'privilegio' de las castas más desfavorecidas, el detalle que omitió Dios cuando expulsó a Eva y Adán del paraiso: "No sólo tendreis que trabajar para ganar el pán, tendreis que hacerlo en turnos y hasta en las tardes de verano"  ¡¡Haberlo dijo joder, y se había comido la manzana su p... madre!!
Derretido y derrotado (Campsared Blog)

JULIO 2011, comentarios

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martes, 21 de junio de 2011

SER PUTAS Y PONER LA CAMA

El respetable oficio de la prostitución conlleva más sinsabores que placeres, la asunción voluntaria de un trabajo jodido como ése, no es una fácil elección, ni trae satisfacciones mas allá de las momentáneas al recibir el pago a su trabajo, que más que otros y como otros, requiere desconectar el corazón y detener los sentimientos para que las nauseas, la rabia y la desesperanza no te aplasten contra la realidad de cada día.

Pues bien, lo de poner la cama siempre se ha considerado un plus de calidad remunerable, un extra, por que entre las herramientas y accesorios que precisan en su labor, el de la cama es el que determina si aquello tiene cierta calidad o es un aquí te pillo aquí te mato de consecuencias peligrosas.

Nuestra empresa, que ya nos 'prostituye' merced a una vaga definición de las tareas de expendedor y de encargado en el convenio: "todas aquellas tareas encaminadas a una adecuada explotación del punto de venta", saca de su chistera de prestidigitador con ínfulas de mandatario bananero, una medida tras otra para acortar, reconducir y dominar la voluntad, los pensamientos y hasta el habla.  Sabemos que en horas de trabajo, las palabras son competencia de la empresa, y éstas han de ser cánticos a la mercadotecnia, no se debe gastar saliva en vano.
De unos 'espantapájaros' con la nariz en forma de mazorca, hemos pasado a ser autómatas con vocación de robocops y múltiples aplicaciones. Nos han ido acoplando cometidos (no siempre bien remunerados), directivas, protocolos de actuación y de trabajo, y ahora nos pedirán, arropados por el gobierno -y esos pactos y reformas indignas-, que 'pongamos la cama'.  Europa enciende el fuego con su Pacto del Euro, y el gobierno pone la música para que entremos en el baile.  Los sindicatos 'nos defienden', si, echan pulsos de fuerza que terminan en amigables y compartidas jarras de cerveza, y otra vez a apretar, más cerveza y más apretones, al final se despiertan en el catre con otro sin saber cómo ni que ha pasado, ni quien pagó la cama ¿Los trabajadores?.

La verborrea de nuestros sindicatos tiene más de sainete para "Enemigos íntimos" de Tele 5, que de auténtica indignación por el recorte de derechos y la perdida de seguridad en el empleo (Voy a tener que unirme al grupo de protesta que vapulea a los sindicatos con estacas y piedras al grito de "vendidos").

Nuestros representantes sindicales negocian entre espejos, como en aquella película de O.Wells, de tal manera que se reflejan y se mezclan, y uno no sabe lo que vota y quien sale ganando.  Entre tanto vamos perdiendo los de siempre, nos desahucian del territorio conseguido tras años de campaña (Decía hace poco el ínclito gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, en un ataque de indecencia, que 'los trabajadores obtuvieron excesivas ventajas en las etapas socialistas de los años 80'), retrocedemos como si nos robaran suelo bajo los pies, tanto que caminamos al borde del abismo como trabajadores y como ciudadanos. Nos hemos convertido más que nunca en marionetas, en muñecos de pim pam pum que alguien derriba alegremente para ganarse el oso de peluche.  Nunca fuimos tan 'putas' , y ahora tendremos que poner la cama.

En poco tiempo, si consigues comprar una vivienda (¡Atención milagro!), por que tu inmobiliaria, tu banco y el patrón de los casos imposibles San Judas se han unido, consigues tu hipoteca pero no puedes desgravar por ella (La compraventa de viviendas se ha desplomado en mayo, pues claro, ¿Esa medida favorecía a alguien? ¿...?), desaparece el plan prever (Y las ventas de coches se despeñan) y ahora sacan un plan de ayuda urgente para salvar la situación (¿Os acordais del baile de la Yenka?).

Los impuestos no bajan, ni el euribor, ni las multas, ni los parados, pero desaparecen las ayudas, nos deniegan los préstamos, los sueldos siguen tiesos, y las ofertas de trabajo son escasas como los cuatro pelos de la calva de un fraile, si uno es casposo, el otro es triste y lacio. No tenemos expectativas de futuro.  La jubilación se prolonga como el suplicio de un moribundo, pero eso si, cobrando menos porque nuestra pensión, si es que logramos alcanzarla, se calculará sobre los últimos 25 años, o tal vez más, desde que conseguimos ese primer trabajo de canguro por horas, o de buzoneador itinerante.  El caso es arañar, escurrir nuestras cifras para que sean famélicas, inconcebibles, y que nos tengan siempre con el agua al cuello.

Las empresas (y empresarios) mientras tanto, se han revolucionado, como la población de un hormiguero con un trozo de carne.  Se han lanzado al ataque para comernos  los derechos y las opciones de protesta, y se mueven deprisa conocedores de cada recoveco y galería de sus cuevas, y nos devoran sin recato, verbigracia "teneis que devolvernos los descuadres", "Teneis que trabajar hasta las doce", "No cobrareis las horas sin los justificantes" "Hay que vender rascas y roscos, y hacer el pino-puente a la hora tal...".

La empresa es nuestro chulo, nos conduce, nos manda, nos amenaza y nos maneja como un curtido proxeneta, regateándonos la ganancia y obligándonos a relaciones sin control y sin límite.  Ponemos los condones y la cama, soportamos los entripados, la vergüenza y la rabia;  somos más 'putas' cada día.
Ahora el gobierno dicta su ley sobre los enfurruñados sindicatos, que no furiosos ni indignados, un enfado ligero, como si se tratara de una partida al mus con amarracos con forma de personas, y se nos pide que entendamos, que aflojemos las pretensiones, que aguantemos el temporal que los trabajadores no hemos provocado. Nuestros políticos jugaron y perdieron, nuestras empresas y los bancos consintieron con risas mientras atiborraban las carteras y ahora nos piden que entendamos, que comprendamos a nuestros empresarios, que apretemos el culo y que vendamos lo invendible, nuestro cuerpo y el alma si es preciso para salvar la situación.
Y nos lo piden los políticos, "unos economistas 'tan buenos' que no supieron predecir los fallos del sistema financiero ni alertar de los peligros de nuestro modelo productivo, que no han explicado por qué las ayudas al sistema financiero no se han transmitido al sector real, y que simplemente llevan años limitándose a tratar de inculcarnos que todos nuestros problemas se reducen a dos cuestiones clave: las regulaciones del mercado laboral y el excesivamente generoso sistema de protección social. Sin embargo, eluden explicarnos cómo este sistema regulatorio -que, según sugerencia de Fernández Ordóñez, “crea pánico a contratar”- pudo en el pasado reciente generar el mayor crecimiento de empleo de nuestra historia, al tiempo que permitía que el peso de las rentas del trabajo se mantuviera constante a lo largo del tiempo a pesar de que el crecimiento provocó un notable aumento del porcentaje de asalariados en la población ocupada".

No somos los culpables está claro, pero la reforma que regula la negociación colectiva y que aprobaron hace unos días, nos exige ahora poner la cama. Cualquier falta de acuerdo en temas de convenio será resuelta por un arbitro nombrado por... ¿? y de ideología...¿?,  dos cuestiones tan importantes que da pavor pensar a quien le tocan y por qué.

Cuantas más veces leo las condiciones más pena y miedo siento por la suerte de los trabajadores en España. Los últimos acuerdos sobre negociación, relegan los derechos y hacen retroceder las condiciones laborales a los años setenta. Con la palabra "flexibilidad", se nos condena a múltiples penurias, se fortalece al empresario, que si ya antes manejaba las cosas con el conocido: "Esto son lentejas...", ahora tendrá herramientas de extorsión fabulosas para amedrentar a los obreros.

En definitiva, retrocedemos los curritos.  De un modo u otro pagamos la factura de la clase política, de los empresarios codiciosos y de nuestros pasmados sindicatos. Europa exige austeridad y todas las miradas nos señalan como los escogidos para pagar el pato.
Por la torpeza de unos cuantos, vamos a vivir compungidos y con el culo al aire, y por supuesto, por que lo ha dicho un Real Decreto, poniéndoles la cama para que nos follen a gusto cuando quieran. Y por poco dinero.

martes, 14 de junio de 2011

LA RAJA DE TU FALDA

Siempre que vamos a salir, me sorprende y divierte el complicado ritual que significa ir a cenar o a tomar una copa. Todo comienza en una ducha que elimina el cansancio y las tristezas, y nos sitúa en la linea de salida de aquella aventurilla pasional.  Por que romper rutinas, renueva el ánimo y refuerza las perspectivas, es como reiniciar el sistema de nuestro ordenador, todo parece funcionar más rápido y mejor, el 'depósito' que guarda la ilusión vuelve a llenarse para tirar varios kilómetros de más en nuestras vidas.
  Pulsa play y espera que se reproduzca la música

Hay que tener paciencia, pero me gusta ver tu cara feliz mientras te arreglas.  Me gusta como huele tu pelo recién salida de la ducha, tu piel fresca y brillante se muestra más sabrosa, cobra vida, se tersa, y hasta tus pechos se levantan, como las flores que abren sus pétalos al sol, rejuveneces diez años, y hasta me gustas diez veces más, por que en el fondo, prefiero mi pasado, al presente, y no digamos al futuro, que siempre viene mal envuelto, y cubierto de arañazos que te inflige la vida.
La rutina que sigue a este bautismo higiénico, lleva su tiempo, como los actos de una representación.
Acto primero, ducha y cremas, y el prolongado ¡Casi eterno! asunto del cabello, que soporta durante un rato, como yo, las afrentas del secador de pelo que va domando aquel alegre y libertino puñado de cabellos mojados sometiéndolos a la caprichosa dictadura de las modas.
Acto segundo, elegir ropa. En este punto también hay que aflojar el grifo que regula y contiene la paciencia, sentarse y esperar.  Y aunque a mi me pareces guapa con los vaqueros y una camiseta, aquello sólo es un pensamiento reaccionario alejado de las doctrinas que rigen el juicio femenino que dicta disfrazarse de reina para lucir palmito por las pasarelas de la vida, rivalizando con gatas y tigresas, con gacelas, y sin quitarle un ojo a los depredadores, por que la vida de una mujer que sale por la noche es un certamen de belleza, y una jornada de supervivencia de género.
No se te ocurra a ti, poner la nota discordante llevando los zapatos mal coordinados o sin lustre, por que a las mujeres, no les gusta llevar gatos con botas sucias y un look de fuera de concurso, sino a auténticos tigres (o leopardos según el peso), pero lustrosos, siempre acicalados y con olor a aire de moda que tire para atrás, no a 'macho man' aunque pensemos lo contrario.
Aquel segundo acto, suele ser largo y entretenido según días.  Ella tira de armario, y yo, acepto comprensivo tener que ser jurado de un pase de modelos cada vez que salimos , aunque al final mi decisión sirva de poco porque sobre la marcha descubres que no eres el jurado, sino tan sólo el asesor, y sin derecho a voto.
Y llega el tercer acto, más breve pero también intenso, son los retoques de pintura y maquillaje, el momento final, el desenlace de la obra, precisamente cuando van a poder disfrutar del espectáculo los cientos de mirones y mironas que pueblan el paisaje nocturno.

 Durante el desarrollo de la obra, he asistido a distintas fases del ritual de salir, he podido contemplarte desnuda, asistir a la doma del cabello que instantes antes te revolucionara la toalla, pude verte con pantalones claros, con los hombros cubiertos o desnudos, con el ombligo al aire, transparente, tapado, con el pecho escondido, medio asomado, medio que si o que no, las piernas dentro, las piernas fuera, con tacones, sin ellos, falda corta, falda larga, falda con vuelo, muslos que asoman tentadores entre la raja de tu falda...
Todo es bonito cuando lo luces tu, cuando lo vistes y deslumbras, porque tu cuerpo de mujer, simplifica mis primitivos pensamientos, y aunque te mire con ojos de analista de sistemas, el conjunto que compone tus formas me conmueve y derrumba, por que no puedo ver más lejos ni por detrás de ti, porque desaparece el resto cuando tu pasas por delante, ya sea vestida con cualquiera de aquellas prendas variopintas, ya sea desnuda o vestida de uniforme.  Hasta ataviada con el disfráz de expendedora das el pego para robarme los sentidos, la atención, y el aliento, pero lo mismo, lo mismo,  te ocurrió a ti conmigo, y lo mismo sintió mi compañera y la encargada, y aquellas dos clientas que estaban en la tienda, cuando me di la vuelta con mi uniforme nuevo, recién llegado, recién puesto, tan moderno, tan bajo de cintura y tan molón.

Reconozco y entiendo que se os nublara el pensamiento y que os llamara tanto la atención, no es para menos, y entiendo que te fueras diciendo que no me conocías.
Siento haceros perder el apetito, pero ¿Porque hacen los pantalones de trabajo tan incómodos e inadecuados?  ¿Por que?

Tócala otra vez Sam   PLAY


Indudablemente, yo prefiero la raja de tu falda
o cualquier otra parte de tu cuerpo
Imagen sensacionalista captada con el móvil nuevo que ha entregado la empresa a mi encargada..































































































































































































































PESE A TODO, CASI SIEMPRE SOIS ADORABLES, Y ES CIERTO... OS NECESITAMOS.
NO ME PONDRÉ LOS PANTALONES NUEVOS.  LO PROMETO
PREFIERO PONERME EL PELO ROJO COMO TU
(ÉSO O UN TANGA, LO QUE PREFIERAS)




PD.: La colección de imágenes es para quitar el mal gusto de la primera de ellas.

POR FAVOR, NO DEJES DE VOTAR ESTE ARTÍCULO A CONTINUACIÓN. GRACIAS